miércoles, 31 de octubre de 2012



LA VOZ DEL PUEBLO SE TRANSCRIBE EN TUS NOTAS Y LAS LUCHAS POPULARES MARCHAN AL SON DE TU  MELODÍA
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ALI PRIMERA, jamás muere tu canto porque para tu gente   no consigue morir quien da vida al embate  de la Resistencia. 
Las  diferentes  vías  y convexidades que nos regalan aquellos personajes comprometidos con una causa multitudinaria social y cultural, que mas allá de producciones artísticas dejan un legado de cambio con sonetos de libertad y emancipación,  se han encargado también de transcurrir y brindar nuevas tesituras de inspiración al arte, pues  la poesía,  la música y sus interpretaciones   no pueden concebirse  dentro de un campo apolítico y apático frente a las realidades de injusticia, desigualdad e inconformismo que viven a  diario los países irrumpidos e invadidos por aquel Vecino del norte.  Así pues, las diferentes formas de
Expresión tienen que convertirse en armas que legitimen, construyan y  alimenten los rugidos de quienes gritan en la indiferencia, de quienes caminan en la clandestinidad de las ideas, de quienes labran con rasguños  su dignidad y de quienes siguen avanzando a pesar de los obstáculos y las amenazas imperialistas. 

No me cabe duda que Ali, su intérprete, mi compositor y nuestro militante de la inspiración  popular, confió plenamente no solo en sus letras y en su carrera musical sino en el pueblo que conquisto sus entrañas envueltas de sentimientos de justicia  y liberación, ese mismo pueblo que amplio y mitigo su seguridad para asfixiar el discurso lacerante de los imperios capitalistas.

De esta manera  Ali Primera, quiero retomar algunas frases de tus canciones y explicarle porque tu canto trascendió no solo pensamientos sino que traspaso fronteras, épocas y sentires de protesta e insurrecciones de tierras, de aquellas tierras  nacientes del maíz del petróleo y del café.

No alcanzarías  a imaginar la cantidad de hijos que están agradecidos por aquellas palabras que pronunció para que la sublevación entrara de golpe en nuestras casas y de allí se aglomerara en las plazas; hablo de lo que alguna vez escribió para la mujer que le dio la vida, eso que decía así:

 “Quiero que comprendas que la lucha de los hombres no se hace por caridad… Madre déjame luchar! “.

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